En el mostrador de una ferretería no solo se despachan tornillos; se traducen necesidades, se contienen ansiedades y muchas veces, se resuelven misterios cotidianos. En el Día del Ferretero, Nicolás Londero, hijo del propietario de ferretería Cervantes de Paraná habló con UNO y reflexionó sobre la mística de un oficio que se debate entre la tradición de la atención personalizada y las complejidades económicas y tecnológicas de este 2026.
"Es un rubro muy gestual": el arte de interpretar el "coso del cosito" y sobrevivir a la crisis en la ferretería familiar
En un escenario marcado por una caída de ventas minoristas, la emblemática ferretería de "Nardi" resiste sosteniendo la confianza de sus vecinos
Por Valeria Girard
La historia detrás de este rincón de Paraná es un ejemplo de constancia. Durante toda la vida, el local perteneció a Aníbal Goncevatt. Allí, Leonardo Nardi Londero trabajó como empleado durante 36 años.
El gran giro de sus vidas ocurrió en octubre del año pasado, cuando Aníbal, listo para retirarse, le planteó a su empleado histórico una propuesta directa: “Nardi, ¿te querés hacer cargo?” . Él aceptó la posta y convirtió más de tres décadas de trabajo bajo relación de dependencia en un proyecto familiar e independiente. A esta nueva etapa se sumó Nicolás, quien de chico ya ayudaba en el local y cuenta con una vasta trayectoria en otros comercios del sector. “Va a ser el primer Día del Ferretero que vamos a pasar con un negocio propio” , relató Nicolás conmovido. El estreno, sin embargo, viene acompañado por un contexto desafiante para el comercio minorista.
Atender una ferretería es radicalmente distinto a cualquier otro rubro comercial. Nicolás trazó una analogía muy clara con las grandes superficies: “Cuando uno va a un supermercado, vos sabés que el paquete de fideo es el paquete de fideo”. En cambio, cruzar la puerta de la ferretería suele ser un terreno de dudas para el cliente común.
Lenguaje universal
“Para estar frente a éste mostrador lo primero que tenés que ser es paciente”, advirtió Nicolás. Para él, la empatía es la herramienta de trabajo más importante de todas. “Es un rubro muy gestual, por así decirlo, porque siempre está el chiste del coso del cosito, pero no deja de ser una cuestión real”, explicó.
El cliente no suele conocer la nomenclatura técnica de los materiales, por lo que el mostrador se transforma en un escenario de mímica: “La gente viene a veces con algo anotado, o directamente recurre a los gestos”.
A veces esa dificultad en la comunicación genera tensiones en los clientes que los Londero buscan desactivar de inmediato. “Hay veces vienen muy nerviosos, otras tímidos. Cuando vos descomprimís o le tirás un chiste, es como que se relajan”. El humor no solo alivia el momento, sino que evita que el cliente se retire con las manos vacías por no haber sabido explicar su problema, algo que ocurre en otros comercios donde la atención es un poco más fría y apresurada. “Capaz que sí tenían el producto, pero no te supiste explicar y ambos pierden, el negocio que no vendió y el cliente que se fue sin resolver la compra” , consideró el entrevistado.
Las insólitas sugerencias de la IA
Si bien la incorporación de los teléfonos celulares facilitó las consultas al permitir que los clientes lleven fotografías de las piezas dañadas, la irrupción de las nuevas tecnologías trajo consigo un fenómeno inesperado que genera tantas confusiones como risas en el local. “La nueva conducta que estamos viendo es que vienen ya asesorados por la Inteligencia Artifficial”, reveló el comerciante. “Vienen y te dicen: ‘Che, le pregunté a la IA y me recomendó este tornillo’ o ‘Che, le pregunté a la IA, me recomendó esta pintura. ¿Existe acá?’”. El choque de mundos ocurre cuando los algoritmos sugieren insumos imposibles de hallar en el mercado local: “Eso es en Dinamarca, por ejemplo, y lo quieren conseguir acá... Nada que ver” . Lejos de enojarse, los ferreteros aprovechan el malentendido para divertirse junto a los clientes y reconducirlos hacia soluciones viables y nacionales.
Clientes fieles
A pesar de los cambios tecnológicos y el ritmo acelerado de la vida moderna, este local mantiene viva la esencia comunitaria. “Esta ferretería se caracteriza por eso”, explicó Nicolás. “Parece un bar, porque tenemos clientes que desde hace tantos años que vienen acá, que nunca fueron a otra ferretería. Entonces la relación es muy cercana, conversamos, sabemos de sus familias, de cada una de sus historias. Hay clientes que tienen 30 o 35 años viniendo acá”, aseguró el entrevistado.
Esa confianza inquebrantable se sostiene sobre valores muy claros aprendidos de la vieja escuela de Aníbal Goncevatt: “Buena atención, ser cordial, ser respetuoso. Esos valores los aprendí acá sin ir más lejos, porque trabajé cuando era más chico acá, cuando era Aníbal el dueño”. La dinámica diaria en el mostrador también revela un profundo cambio cultural que derriba viejos prejuicios: “En la actualidad concurre mucho la mujer y se explica mejor que el hombre; es increíble”, aseguró Nicolás con admiración, destacando que ellas poseen una paciencia y claridad superiores para resolver los problemas del hogar.
¿Los verdaderos “infaltables” del stock?: la cinta aisladora, el teflón, el sellarrosca y los flexibles de agua, que se venden todos los días sin falta.
En el Día del Ferretero, ésta historia de se erige como un tributo a la resiliencia de los comercios de cercanía. Entre señas con las manos y la calidez de una charla compartida en el mostrador, Nardi, Nico, Nati y Gus demuestran que, aún en tiempos de crisis, la mística de la ferretería sigue intacta.
En tiempos de crisis: “Reparación antes que obra”
Este primer año de los Londero al frente de la ferretería como propietarios coincide con una coyuntura económica sumamente compleja para el sector ferretero en la Argentina.
De acuerdo con informes recientes realizados por la Cámara de Ferreterías y Afines de la República Argentina (CAFARA), el nivel de ventas minoristas registra una caída sostenida durante 2026, con mermas promedio del 15% y picos alarmantes de hasta el 25% en locales de barrio. En su entrevista con UNO, Nicolás coincidió con el porcentaje general, habló de los cambios de conductas de los clientes
La recesión se siente en todo el territorio: más del 70% de las ferreterías reportó una disminución en sus ventas durante los trimestres evaluados de este año, y un 60% de los ferreteros confirma que sus números son peores en comparación con el año anterior.
Frente a este escenario adverso, el comportamiento del consumidor cambió radicalmente, inclinándose por la premisa de “reparación antes que obra”. Muchas de las familias debieron frenar por completo las inversiones grandes y las remodelaciones, limitando sus gastos estrictamente a arreglos urgentes o al mantenimiento básico del hogar.
Es allí donde el rol del ferretero se vuelve aún más crucial. Mientras que en otros rubros el cliente puede prescindir de un producto o elegir una alternativa genérica, en la ferretería el problema doméstico exige una resolución inmediata y exacta: “Acá sí o sí necesitás algo de una medida específica porque si no, no funciona”.
Para poder sostener la actividad frente al límite en los saldos de las tarjetas de crédito, el local depende fuertemente de la ingeniería financiera cotidiana: la aplicación de promociones con billeteras virtuales y los descuentos especiales por pago al contado se volvieron vitales para concretar las ventas del día a día, según explicó el propio entrevistado.




















